Las mujeres decimos ¡Basta!
- 2 nov 2016
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Hace años que octubre empieza agitado. Es el mes que convoca a miles y miles de mujeres de todo el país, que se acercan a la ciudad en la que se realizarán charlas, debates, talleres, radios abiertas, exposiciones, festivales y que, a lo largo de 3 días, serán el eje desde el que se pondrá en discusión y en agenda los temas que atraviesan a las mujeres, por su pertenencia de clase, por sus roles de género, por su activismo político.
El Encuentro de este año no fue la excepción: en su edición número 31, más de 60 mil mujeres se autoconvocaron en Rosario y llenaron la ciudad santafesina de lucha feminista, con pancartas pidiendo por el Aborto Legal Ya, carteles que explicaban por qué hay que declarar la Emergencia en Violencia de Género, con frases y lemas que, entre otros, rezaban “no quiero tu piropo, quiero tu respeto”.
Un poco a tono con nuevas reglas impuestas en las fuerzas de seguridad, sumado a la resistencia existente de algunos sectores (como la Iglesia y la casta política) a la gestación que viene llevando adelante el movimiento feminista, la tradicional marcha que cierra el ENM tuvo su episodio represivo, tal como sucedió en Mar del Plata y Salta en años anteriores. La policía arrojó balas de goma a pequeños grupos que se manifestaban en la Catedral rosarina al grito de “saquen sus rosarios de nuestros ovarios” y que realizaron pintadas y escraches en el frente del edificio.
Sin embargo, el colectivo de mujeres dejó en claro que era al menos sospechosa la ruptura de estos pequeños grupos que fueron a la Catedral, donde mezclados y con las caras tapadas, se vio a más de un hombre que arengaba el ataque a la institución religiosa. Cuando hablamos de resistencia de algunos sectores, nos faltó poner un actor fundamental: el macho cis (cisgénero: personas cuya identidad de género y género asignado al nacer son corcondantes al comportamiento que a éste/a le fue asignado).
Mientras pasaba todo esto en Rosario, cuando aún se terminaban de cerrar algunos talleres; cuando todavía no se había levantado ‘la’ polémica por la elección aparentemente antidemocrática de la sede del ENM 2017–abordada con el mismo método de hace años, hoy ineficaz ante la inmensa masa de pibas que se autoconvocan; cuando algunas todavía dormían agotadas en el regreso a casa después de 3 días de lucha y motivación, empoderamiento y razón feminista… mientras todo eso estaba pasando, los medios empezaban a difundir un nuevo femicidio:
el décimo séptimo de octubre, el décimo en lo que va del año en Mar del Plata, un caso que terminó en fatalidad de las 600 denuncias que reciben por violencia de género por día en la central; una nueva piba de 16 años asesinada, drogada, violada, empalada a manos de dos o tres hombres que hicieron valer todo su machismo sobre una mujer.
No habíamos llegado a pisar bien del todo nuestras casas, nuestros trabajos, nuestras escuelas o universidades; algunas todavía secaban las banderas que flamearon en el Monumento a la Independencia debajo de una lluvia suave que hizo todo aún más épico; otras ni habían vuelto del todo a sus lugares de origen: un pedacito de Rosario y de cada mujer con la que compartieron estaba dando vueltas por la cabeza incesantemente; el ENM no había terminado per sé y nos arrancaban a una de las nuestras, de la manera más aberrante que tiene de manifestarse el patriarcado: penetrándola ya no sólo con el cuerpo sino con técnicas que remiten a lo peor de las torturas humanas. Lucía moría de dolor el sábado mientras miles debatíamos cómo hacer frente a la violencia machista, como combatir al patriarcado, cómo deconstruir cada rol al que se nos relega injustamente, cómo dejar en claro que si una mujer avanza ningún hombre retrocede.
Quizás el dolor por esta pérdida, quizás la costumbre de salir a luchar sorteando las barreras de la angustia y la rabia, quizás el hartazgo y la bronca de que no entiendan que nos queremos vivas y vamos a pelear por eso, hizo que nos bajemos de un bondi para subirnos a otro, más espontáneo, claro, nacido de la rabia pero también del amor y la hermandad con la otra, surgido en las redes sociales y en el corazón de cada una.
Porque como decíamos más arriba, “cuando una mujer avanza…”. Y somos miles y no tenemos miedo. Y estamos juntas y no vamos a pedir permiso. Unidas, vivas y empoderadas desde Rosario, volvimos a decir BASTA. Ni tanto dolor, ni tanto estupor pudo frenarnos para organizar la convocatoria que, empapada del #NiUnaMenos, se convirtió en el acto político del año: el #MiércolesNegro marchó por nosotras, exigió con nosotras e intentó mostrar qué pasa si nuestras vidas no valen (¡produzcan sin nosotras!).
Entre las 13 y las 14, miles de mujeres en comercios, oficinas, redacciones, fábricas, estudios jurídicos, dependencias del estado, empresas privadas cesaron sus actividades en reclamo y visibilización de la escalada de violencia machista. Muchas de ellas vistieron de negro, al igual que otras que no pudieron parar por resistencia de la patronal (recuerdo: uno de los actores con más resistencia a la instalación de la agenda de las mujeres es el propio hombre, acostumbrado a sus privilegios de género) o por temor a que les digan algo.
Más tarde, empapadas por una lluvia y un viento feroz que dispusieron un escenario aún más apocalíptico, movilizadas por el femicidio de Lucía y los 20 en sólo 15 días, organizadas como pudimos en sólo 7 días, arengadas por esta pertenencia de género que nos conmueve, nos educa y nos atraviesa, las mujeres dijimos BASTA en la calle, del Obelisco a Plaza de Mayo y en miles de plazas centrales del país:
Basta de acoso callejero
Basta de violencia machista
Basta de inequidad salarial
Basta de presas por abortar
Basta de muertas por abortar clandestinamente
Basta de la reducción de la mujer a la maternidad
Basta de ausencia del estado en la erradicación de las violencias contra las mujeres
Basta de precarizar nuestras vidas
Basta de femicidios
Fue una tarde, pero son miles de otras tardes que venimos debatiendo entre nosotras y con nosotras mismas el por qué se nos relega a roles acabados que desconocen nuestros derechos a estar vivas, libres, juntas. Hubo lágrimas, entre abrazos y desde el cielo. Pensamos que fue una señal de las que nos arrancaron los machos violentos y este sistema que defiende al patriarcado entre relaciones de poder. Llovieron ese miércoles para decirnos que sigamos adelante, que estamos empapadas de ellas y sus vidas, sus sueños, sus gustos, sus amores. Que estamos juntas, más acá o más allá, pero que vamos caminando con prisa y con firmeza, siguiendo las pistas: América Latina va a ser toda feminista.

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