Perfil destacado, Lorena Arabia
- 2 nov 2016
- 2 Min. de lectura
“Para una semilla alcanzar su última expresión, necesita
deshacerse por completo. Se rompe la cáscara, lo de adentro
sale y todo cambia. Para alguien que no entiende el crecimiento,
parecería como destrucción completa”. Bajo esta premisa de
Cynthia Occelli, 2015 Lorena Arabia editó su primer libro, Pola.
Largaba el 2007, Lola –así le dicen desde chica- cumplía los 21 y
estaba decidida a hacer algún aporte a la angustiante incógnita sobre
qué es ser mujer: comenzó a escribir entradas en un blog desandando
teorías, experiencias, rompiendo sus propias cáscaras.
Aunque jamás imagino que esas serían las primeras páginas de su novela debut,
esta geminiana fanática del japonés no dudó en unirlas cuidadosamente 7 años
después cuando surgió la idea de hacerlas públicas.
Para la incipiente escritora, que se unió a la editorial Milena Caserola y reparte
sus días entre letras y visitas de consultantes psicológicos en su sala de Paternal,
parte de su crecimiento pasó por exorcizar el rol de las mujeres en la institución de
la familia en general, y en la suya en particular -aunque no todos los personajes de
Pola tengan un representante de carne y hueso en su entorno.
Fue movilizante darle forma a tanta historia familiar vomitada por años sobre las
líneas de un blog, pero con la ayuda de un entrañable compañero de vida
(expareja que devino coequiper) la tarea quedó completa hacia finales de 2015:
casi 10 años después de su primer entrada, Pola salía a las pistas.
Pero como los caminos del universo de la mujer y de lo femenino se entrecruzan,
mutan, “cambian”, Lola y Pola están escribiendo casi al mismo tiempo la segunda
parte; no necesariamente la de la primer historia, sí la secuencia que sigue
después de que una autora ha sido descascarada.
Porque para Lorena Arabia la “destrucción completa” no existe si
se rompe esa cáscara y sale todo lo de adentro.
Incluso nada se destruye cuando todo termina en una novela.

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